miércoles, agosto 28, 2013

El placebo usó mi cabeza como un revólver

Desde chico me daba miedo tener hepatitis, me acordaba de mis hermanos sin poderse mover, con todo esterilizado y casi "encapsulado en una habitación". Hace varios años, cuando yo era un universitario de vacaciones, un amigo muy cercano se enfermó. Habíamos ido la noche anterior al mismo bar y comimos del mismo plato de cacahuates. No tenía escapatoria, seguro me había enfermado.
A los pocos días me puse amarillo, mi orina se fue oscureciendo, mis heces aclarando y tuve algunos síntomas de fiebre. Por si las dudas mi madre me puso en reposo y con cubiertos hervidos estuve acostado un día entero hasta que vino el doctor y, después de análisis y tomas de temperatura, se dio cuenta que no estaba enfermo. Al día siguiente todo volvió a su color original.
Lo mismo me pasó ya con ataques al corazón, parálisis faciales, derrames cerebrales y hasta con la felicidad, que igual me da miedo, igual me pasa, y vuelve a la normalidad. 

1 comentario:

Chica Canibal dijo...

Pero que maravilla leer que tu regreso, mejor te añado a mi blogroll para estar más atenta. Saludos