Me imponen los famosos, más los que admiro, es una culpa que tengo de años. Sueño a veces con estar conversando con mis ídolos, y en los momentos de poderlos conocer prefiero evadirlo, hacerme el que no existe o el que no sabe que ellos existen. Pienso que de ver mi cara emocionada dirán "este tipo es un pesado"; igual y yo sería así de insoportable si fuera famoso... Tengo la sospecha de que el Twitter, a largo plazo, funcionará como una especie de medicina para estas cosas y no habrá tipo de las nuevas generaciones que no haya cruzado palabra con su ídolo.
Las personas que vivimos con este "pánico escénico del mal gruppie" seremos vistas por los niños como todavía más imbéciles, como cuando te cuentan del bisabuelo que no supo leer, será todavía peor mi vergüenza si oso contar cuando me tembló la mano para saludar a un defensa suplente y malo del Puebla, cuando tenía 14 años, si hubiera existido el Twitter igual y le hubiera preguntado algún día por qué usaba el número 13 en la espalda.
1 comentarios:
Lo que también pasa con Twitter que es que ahora puede encumbrar a hijos de vecinos. Creo que ahora cambian los papeles.
Por cierto, te sigo en Twitter, aunque no pingas nada, no vaya ser que en una de esas te decidas.
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