martes, diciembre 28, 2004

El Tonto Clutch Cargo

Un post del imperdible blog de mi amigo Benjamín me hizo pensar en los recuerdos inútiles que quedan en la memoria sin explicación. Hasta hoy no encuentro quien haya visto alguna vez la caricatura Clutch Cargo, que aparecía en el canal 12 de tv abierta, hace unos 23 años y a las 7 de la mañana.
Ni siquiera me acuerdo, realmente, quién era el tipo ni lo que hacía. Me impresionaban sus fatales animaciones, los sospechosos labios rojos de un niño (que cuando hablaba mantenía la cara sin expresiones a la hora de abrir y cerrar la boca) y sobretodo el nombre del héroe: Clutch Cargo me parecía, a mis 5 años, un bonito nombre artístico; ahora que lo recuerdo, lamento haber elegido el de Tonto Simón, ni modo.

PD. Ahora que investigo, descubro que los labios de los personajes eran película de labios reales y que hasta el humo que aparecía era real. ¡Obra de arte!


También descubro, viendo fotos, que en Puebla hay una tienda de electrónica donde atiende la versión humano de Clutch.

viernes, diciembre 24, 2004

Escena de cama II

Y ahí estaban los dos, otra vez. Mientras ella dormía profundamente, él la miraba y pensaba en lo que podía pasar.
De pronto se vio encajonado por los brazos de ella, que tanto le gustaban, no sabía cómo salir, recordaba la amenaza de celos que le había dicho antes de quedar dormida: "no podría verte con alguien más, me muero"; recordaba también la insistencia de ella por no querer romper pero rompiendo por no haber más remedio.
La quería, también sufría, unas veces miraba el techo y otras la miraba dormir; los intentos por despertarla eran en vano. Sólo despertó para darle alguna muestra de amor y volver a dormir. Sus brazos pesaban tanto en él...

jueves, diciembre 23, 2004

Por eso y muchas cosas más... II

A todo el mundo le gusta regalar, lo malo es comprar lo que regalas y lo peor es cuando hay un compromiso de hacerlo.
Cada navidad sufro y paso horas en las tiendas que no soporto, mientras decido qué comprar; pues en los intercambios familiares, comprar un detalle o una película que te parezca muy buena puede resultar tan espantoso como aquél regalo de mi cuñado en 1995.
El día que me di cuenta que comprar para regalar era una inversión dramática fue hace años, cuando vivía en Canadá y en el intercambio me tocó un sobrino (que entonces tenía 10 años), pensé ingenuamente que así como a mí me hubiera hecho ilusión, a él le gustaría un jersey de hockey con el número de la figura de los Vancouver Canucks (en ese entonces pensaba que a todos los futboleros nos gustaba el hockey). Así lo hice, tardé en encontrar la talla pero traje a México, a mi sobrino, la equipación de los Canucks con el 96 de Pavel Bure.
Abrió el paquete y vi en sus ojos la desilusión (supongo que fue la misma de un par de años antes, que tuve yo con su papá). Y yo desesperado le decía "anda, póntela y verás qué chingona está". Se la puso y sólo acertó a decir "está rica como para sueter".


sábado, diciembre 18, 2004

Por eso y muchas cosas más...

Todas las navidades son iguales. Me solía contentar al momento de los regalos, pero mis emociones acabaron el día que le toqué a mi cuñado en el intercambio -1995- (no lo exhibiré por esta vía, pero su regalo fue insultante) y a la fecha dejé de confiar hasta en eso.
En mi casa siempre hay un menú similar; siempre mi hermano mayor se pelea conmigo o con otro de mis hermanos; siempre llega alguien después, que cree que tenemos muy buena fiesta y termina por irse a los 10 minutos; siempre mi papá da la explicación de lo que era el blues en su época y lo que es ahora, y discute con mi mamá que le dice "tú no tienes idea de música", suelen irse a dormir los dos enojados; siempre terminamos mi hermana, un hermano y yo hablando de los mejores capítulos de los Simpsons hasta las 6 am (los mismos cada año, yo siempre digo el de Los Médula y el de la Casa de Burlesque, mi hermano el de la Llamarada Moe y mi hermana el del bolichista que se liga a Marge); siempre tengo cruda (moral y física) el 25 y llamo a mis amigos para ir a un bar, todos cerrados, terminamos en un Sanborns... siempre espero que llegue la noche y soñar que todo sigue siendo tan bonito.

También en las navidades, siempre suelo hacer un comentario burlón de Luis Aguilé

viernes, diciembre 17, 2004

No más amor

Como sé que terminar bien una relación puede tener consecuencias fatales, dejaré a un lado el amor. Este diciembre canalizaré todo mi cariño hacia mi almohada y, creo, no besaré a nadie más que a mi amado Redoxón.

lunes, diciembre 13, 2004

Fobia social

Todavía triste y todavía tonto leía que la ganadora del Nobel de Literatura, la austriaca Elfriede Jelinek, no acudió a recoger su premio por una enfermedad que la imposibilitaba... "La fobia social".
Me encantó leerlo, ahora tengo una excusa para todo, estoy enfermo y espero que el mundo me comprenda. Qué bueno es saber que puedes declarar una patología en vez de confesar todas tus neurosis a gente que no te entiende:
"Perdona amigo, pero no fui a tu boda porque ya sabes de lo de mi enfermedad".

Seguro Elfriede también ha tenido problemas con su pareja y espera con ansia la cita con el sicoanalista.
Con la misma estampa que su foto, brindo con y por ella. Desde hoy busco algún libro suyo y no me perderé "La pianista".

PD: Investigué un poco más y confirmé que estoy un poco grave. Encontré este test, donde salí reprobado con 40 puntos.

jueves, diciembre 09, 2004

Zoom Out 1

Mi última escena de cama
Llorábamos los dos en su cama. Nos mirábamos fijamente, muy cerca, y nos decíamos cuánto nos queríamos. El final había sido de común acuerdo. Salió de los dos. No sé si sea normal en alguna relación pero acá llorábamos ambos, los dos éramos víctimas. Como si hubiera llegado una tragedia, como si el huracán se hubiera llevado nuestra casa.
La decisión era mejor para ella, a mi juicio. Sufrir por mis neurosis al parejo de mí era inhumano. Mi dolor era mayor, también, pues ella dio todo lo que podía dar y yo me quedé, creo, un poquito atrás de mi máximo (temo que esto me pese toda la vida). Podía haber sido fuerte a la hora de encarar lo que no me gusta, pero no estaba/estoy en condiciones de hacerlo. Soy demasiado débil.
Seguía llorando, ella se calmaba por momentos, yo no. Ni siquiera la contagiaba. Me repetía que me adoraba, que me quería mucho. Yo también se lo decía.Por un momento descansamos los dos, vimos al techo y sentimos tranquilidad (“voy a tirar la manteca por la ventana e invitarte a caminar por el techo… hasta mañana”).
“Bueno, ya tengo que irme al cumpleaños de mi hermana”, dijo. Nos incorporamos. Yo me intentaba concentrar para dejar de llorar.
Vi empolvado su zapato y le pasé la mano un par de veces, sin éxito; todavía llorosa me dijo “así es, burro”. Reí por primera vez en la noche, pero con ojos mojados.
Still

Zoom Out 2

Qué difícil es dejar de llorar
Después de dejarla, y de hacer un adiós muy infantil con la mano, conduje 40 kilómetros sin rumbo y con el aire acondicionado al máximo.
No quería llegar a mi casa y que me vieran así, tenía que esperar a que todos durmieran o terminar de llorar. Difícil misión, nunca me había sentido así. Cada canción que sonaba en el coche tenía que ver. Todas las de desamor que me gustaban antes me hacían sentir miserable y las que no me gustaban daban en el blanco (la mayoría de las canciones son de desamor, qué mierda). Lo malo de esas letras es que si ella no fue mala, no te acompañan. Prefería la versión Calamaro de “Espérame en el cielo”, o mejor algo instrumental.
Recordaba los mejores instantes con ella, todos los "perfect days", hasta mis posts... en cada uno de los recuerdos volvía a llorar (soy una niña).
Pasaron más de 40 kms. No dejaba de llorar, pero decidí meterme a mi casa y, nada más entrar, prepararme un té. Me preocupaba que me viera mi papá, que veía la tv, si eso pasaba yo tomaría de la taza y tendría los pelos en la cara para disimular. Subí desde la cocina y me vio mi padre, que veía una película.
-Hola. (dije)
-Hola, ¿Qué tomas?
-grrrlup…. (sin levantar la cara y con voz rasposa)… un té, siento que me está dando gripa.
-Ah, pues cuídate…
-Llegué a mi cuarto con éxito. Me puse (pongo) a escribir. Qué difícil es dejar de llorar.

miércoles, diciembre 08, 2004

Mirada del adiós ("que nos parta en dos a los dos")

Hoy me insinuó que deberíamos cortar y me entró pánico. En la mañana se enojó por una tontería y en la tarde se vengó para que yo sufriera. Ya en la noche, imaginé todos los escenarios posibles al toparme con ella. Con sólo imaginarlo pasé desde la profunda tristeza hasta el despecho y la fortaleza para terminar con todo.
Cuando la vi, hace un par de horas, estuve en el papel del enojado, más tarde fui un niño, luego un romántico y esquivé toda posibilidad de un rompimiento. Me alejé entonces, momentáneamente, del final.
Qué cruel es imaginar la vida sin ella: no existe otra que soporte mis neurosis, que no quiera conocer a mis padres ni que yo conozca a los suyos, que soporte mi afición al futbol como si tuviera una novia más; que esté de acuerdo en no vernos diario, en dedicar días a los amigos.
El día del adiós tendré que festejar que al menos había una.

lunes, diciembre 06, 2004

Pejelagarto in the sky with diamonds

Mi afición por los mariscos tuvo un límite. Mi viaje de trabajo por Veracruz y Villahermosa ofrecía un festín gastronómico que traté de explotar.
En el puerto comí bien, me enfermé un poco pero tuve el control suficiente como para llegar a Tabasco y probar lo que imaginé delicioso desde el camino de ida: el pejelagarto.
El primer intento fue en un bufet de comida del mar, muy bueno, donde nos dieron unas "Empanadas de pejelagarto", que al comerlas sólo traían masa y un pedacito de atún
(Martin: ¿No tiene pejelagarto de otra forma? ¿en filete o sin la empanada?
Mesera: No. Sólo en empanada.
Martín: Bueno, ¿podría ser que nos pongan en un plato el relleno de la empanada?
Mesera: No creo.
Tonto Simón: ¿qué no es lo típico de aquí?
Mesera: sí, pero acá lo hacemos en empanada)
Nos fuimos satisfechos con la comida pero con la espina de no haberlo probado.
Por eso al día siguiente fuimos a un restorán donde sí lo tenían; pedimos una ensalada de pejelagarto para compartir y un coctel de camarón "estilo Tabasco", para cada uno.
La ensalada pasable, podía haber sido mejor pero... el coctel no, ni pasable, pero...
Horas después empezamos a ver manchas coloridas, nuestras frases tenían pausas de 20 segundos (Martin: creo que...-trago de saliva-... hacemos las pausas...-trago de saliva-... como López Obrador), sufríamos inexplicables ataques de risa y huí dos veces de la autoridad por meterme en sentido contrario. Intentamos con el anís, las sal de uvas, caminamos durante horas y, lejos de bajarse el pejelagarto a donde tiene que ir antes de desecharlo en el baño, revoloteaba alegremente en nuestros estómagos provocando efectos alucinadores e hinchazón de los pies.
Me fui a dormir a las 10pm (algo inusual en mí), me levanté temblando de frío en una ciudad de 32° y durante el camino de regreso a mi casa tuve somnolencia, ensoñaciones, diarrea -que aguanté heroicamente- y fiebre.
Ahora tomo antibiótico, no me pude tomar una cerveza este fin de semana y no pienso probar un marisco hasta que me olvide lo que comí.
Ayer me enteré, después de buscar en Google algún club de gente que haya sido víctima de pejelagartos, que el animalejo ese está en extinción. Bendita excusa. Exijo a Greenpeace que meta a la cárcel a quien me sirvió esto:

sábado, diciembre 04, 2004

Hoy soñé V

Era un adolescente en plenitud. Estaba en una escuela con compañeros nuevos y lograba colarme a su partido de futbol. Al final había ronda de penaltis, cobraban ellos uno por uno y a mí, que me acababan de conocer, me dejaban al final. Cuando me perfilaba para chutar y demostrarles que podía hacerlo bien me dejaban solo, se iban todos y me quedaba con el balón, muy solo. Entonces volteaba a ver a mis nuevas compañeras, que se burlaban de mí y de mi soledad. Yo llegaba a decirle a una de ellas en plan de chiste, "no te burles, no seas cruel", y ella contestaba: "¡qué desagradable!"

jueves, diciembre 02, 2004

Goles son amores

Nunca lo había hecho. Bueno, esta vez lo sentí pertinente, exótico. Me acordaba de Trainspotting, de la escena del gol escocés, algo así. La verdad es que no jugaba mi equipo, tampoco me distraía tanto, pero el partido estaba tan bueno... y la escena tan bien...
Tenía mis dos grandes pasiones en el mismo cuarto y todo al mismo tiempo; los movimientos corporales iban al ritmo de los comentarios de la televisión...
A ver, si yo leyera esto no lo creo, pero el que no lo crea véalo como un remake: mis últimos "latigazos" coincidieron con el gol de Diego Alonso, el festejo con el final, y por suerte tuve tiempo de ver la repetición; un sueño para cualquier fanático Puma... creo que yo no lo podría hacer con el Puebla, sería como tener a mi mamá enfrente.